“Hablando de los Hijos”

Pensamientos incomodos. Reflexiones profundas.

Siendo muy chicos ya nos acompañan y repiten frases similares a “no existe amor más grande que el de los padres a los hijos”, desde que las escuchamos hasta que tenemos hijos creemos que es un poco exagerada. Al instante en que nacen esa frase se transforma en una verdad absoluta. Pero no es un camino fácil el de la paternidad, algunas cosas pueden ir surgiendo.

A veces es complicado encontrar el sentimiento determinante en cada situación que se nos va presentando día a día. Podemos enfrentar ataques de ternura, enojos repentinos, culpa, felicidad, miedo, orgullo, ahogo y gracia. Todo en menos de quince minutos. ¿Es normal? no lo sé, pero qué sucede no tengo la menor duda, es la vida misma.

Cuando hablamos de dicotomías que nos traen los hijos, necesariamente tenemos que hablar de la libertad. Ese derecho tan importante que nosotros mismos podemos limitar. 

La vida cambia repentinamente, son micro momentos en que nos damos cuenta que ya no podemos desenvolvernos libremente. Decisiones tan cotidianas ahora requerirán ser pensadas y organizadas: Ir al kiosko, ir al supermercado, juntarse con amigos, trabajar fuera del horario común, hacer un curso. Si nos ponemos exigentes tenemos que pensar en cuestiones más increíbles aún: ir al baño, cocinar una determinada comida o prender el aire acondicionado.

 ¿Cómo superamos semejantes cuestiones? la respuesta suele ser fácil, con ellos mismos. No podemos ir al baño, pero nos aguantamos porque están haciendo un show de magia. No cocinamos la comida que queremos, pero los acompañamos con los fideitos con queso. No prendemos el aire acondicionado porque les da tos, pero los vemos dormir plácidamente en nuestra cama.

Son esas contradicciones las que hacen este camino un poco más desafiante y divertido.

Una de las primeras palabras que se me vienen a la mente es “postergar” tanto en su connotación positiva como negativa. Muchas veces podemos sentir plenitud por postergar cuestiones de escasa trascendencia (o no) solo para ver una sonrisa en nuestros hijos. Ello nos da sensación de satisfacción. Otras veces podemos postergar nuestras realizaciones personales porque no sabemos encontrar el equilibrio entre criar un hijo y conseguir nuestros objetivos. Otras tan solo porque no sabemos decirles que no. Otras por situaciones de emergencia. Otras porque sí.

Hablando de palabras importantes que encontramos en lo cotidiano sin dudas mencionamos la “crianza”, motivo de tantas opiniones como haya personas. Quienes son padres hoy deben lidiar con un sinnúmero de opinólogos, supuestos expertos en crianza de hijos, que nos enseñan cómo educar e inculcar valores. 

La sobre información ha llevado a varios padres y madres a sucumbir en la ansiedad que genera “no estar haciendo lo correcto”, a sentir culpa por equivocarse, por reaccionar, por darle una determinada comida. En cada reunión social encontraremos seguidores y detractores de los métodos de crianza, sobre todo los impartidos por redes. ¿Alguno tendrá razón? no lo creo, quizás tomando lo que nos es útil de cada consejo que se nos proporciona podemos encontrar formas de educar sin culpas ni imposiciones. 

Hay algo que sostengo siempre, cometamos los errores que cometamos, tarde o temprano nuestros hijos van a sentirse mejor si nos ven felices y realizados personalmente. No siendo víctimas de la presión externa.

 Es difícil ayudar, más aún criar o educar, a otro si yo mismo no estoy en plenitud. Hay una analogía que funciona para este caso, es la que repiten cada vez que uno se sube a un avión: En caso de que caigan las mascarillas primero deben colocarselas los padres y luego colocarla a los hijos. Así ambos podrán salvarse. Así el intercambio será virtuoso y la felicidad de uno será el orgullo del otro.Suele ser común escuchar el cansancio o queja de los padres, hay que tomarlo como un descargo por todo lo que venimos diciendo. ¿Cuál es la realidad? que es la mayor fuente de felicidad y eso es lo que realmente vale. Es como dice la canción: el amor de un padre a un hijo, no se puede comparar, es mucho más que todo.

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