Reflexiones de un domingo cualquiera. ¿De que te acordás?
Hace poco leí una frase en un libro que decía “este es mi primer recuerdo”, la afirmación me resultó un poco chocante al principio, parecía demasiado específico. A veces me pregunto cómo hace la gente que puede detallar a la perfección situaciones vividas a los tres o cuatro años de edad, es impresionante. ¿Será que yo no tengo tantos recuerdos? ¿Están guardados en algún lado y hay que trabajar para reflotarlos? ¿estaràn en el inconsciente?. Las respuestas, calculo, serían de lo más variadas.
De todas formas me puse a pensar. ¿Cuál es mi primer recuerdo? y es increíble lo que se me vino a la mente. No se si será el primero, pero es el que primero apareció.
El jardín de infantes donde iba era en una casona del barrio Villa Belgrano, en la ciudad de Córdoba. Al fondo del terreno, habian transformado (lo que imagino sería un quincho o casa de servicios) en un establecimiento educativo llamado “la rueda juguetona”, obviamente tenía una rueda de carreta en la puerta. Se entraba por el costado de una casa inmensa, blanca, en dos o más plantas rodeada de un bosque de pinos. Ambientes mágicos, si los hay, para los niños. Allí estaban las seños esperandonos. De frente había una pileta olímpica que estaba escoltada por un antiguo y frondoso árbol de Quinotos.
Curiosamente, allí sucede el primer recuerdo del que tengo memoria. Me escabullí con dos o tres amigos del jardincito a “robar” quinotos. El árbol viejo rebosaba de esos frutos color naranja, ácidos a más no poder. Luego del hecho delictivo, llenamos los bolsillos de los guardapolvos y fuimos a probarlos. El gusto era asqueroso y muy amargo. Ahora me pregunto, ¿será por eso que no me gustan los quinotos? nunca lo había relacionado.
Lo que más me impresiona de la historia es que no tiene nada en particular, ni traumático, ni demasiado divertido. Quizás eso sea algo positivo, que los primeros recuerdos sean algo mundano, una simple travesura. Supongo que tendrà que ver con el hecho de que el resto de mis necesidades estaban cubiertas, entonces el primer recuerdo se relaciona con haber hecho “algo malo”. Pienso en todo el esfuerzo de mis padres durante esos años para que sea feliz y yo solo me acuerdo de los quinotos. Es muy extraña la mente humana.
Volvemos a la pregunta, que hoy también me la hago como padre pensando en mis hijos. ¿Están en algún lado esos recuerdos? Como respuesta rápida pareciera que todo lo que hacemos en la primera infancia es para sentar bases fuertes, pilares invisibles que servirán para el resto del camino, pero que, por algún motivo que desconozco, no podemos apreciar a simple vista.
Desde aquella anécdota toda la infancia se vuelve en un proceso atemporal de recuerdos que no están relacionados entre sí. ¿O si lo están? recuerdo imágenes aisladas de las vacaciones, haber estado sentado en la falda de mi abuelo mientras hacía caballito. Recuerdo pasar un veraneo en Brasil, pero lo único que se me viene a la mente es estar en la playa con mis primos haciendo una especie de canto que habíamos inventado. Tengo grabado estar parado al lado del sillón de mi casa mientras mis viejos querían sacarme la foto antes de empezar primer grado. Se me viene a la mente mi bisabuela, riendo con un cigarrillo en la boca, mientras hacía trampa jugando a la canasta. Me veo explicándole a mi hermana los motivos fundamentales por los cuales tenía absolutamente prohibido tocar mis juguetes. Me acuerdo del llamado que contaba el nacimiento de mi hermana más chica. Me veo con mi tío recortando todas las revistas donde apareciera algún jugador de Boca para hacer un cuadro.
¿Cuándo fueron? no sé. Es increíble no tener una secuencia armada de nuestra vida. Estamos hablando de 365 días de cada año donde se viven distintas situaciones, alegrías, pesares, conversaciones, duelos, tristezas, viajes y más, que de alguna forma nuestro cerebro archiva, clasifica y emite algunas señales de vez en cuando.
Creo que podemos tomar como importante nuestra primera reacción ante una determinada pregunta de nuestro pasado. Una vez alguien me preguntó:
- ¿En serio a vos te gustaba tu colegio?
- Si, en serio. Conteste como si fuera lo más natural.
- ¿Y como sabes?
La pregunta me dejó pensando unos segundos.
- Porque cada vez que paso por la puerta se me escapa una sonrisa.
Nunca me olvido de esa respuesta espontánea. Algo quiere decir. Quizás la forma de comunicarse de nuestra mente es a través de pequeñas señales. ¿no tuve problemas en el colegio? claro que sí, y muchos. Pero evidentemente la conclusión es positiva.
Podemos relacionarlo a las personas también, si te encontras con alguien del pasado y te saca una sonrisa y aparece la nostalgia, esa persona cumplió su rol positivo en su momento y vos cumpliste el tuyo. Si intentas evitarla entonces la conclusión, probablemente, será la contraria. Lo más curioso es que posiblemente no tengas un fundamento racional por el cual te genera alegría o intentas evitarlo, es una cuestión de sensaciones. Es una señal interna.
Como se impregnan las vivencias en cada uno puede ser muy distinto. Los procesos son muy diversos. Hay quienes no pueden poner en la balanza lo positivo sobre lo negativo. Hay quienes toman lo bueno de la infancia y descartan lo malo. Hay quienes no pueden superar lo malo. Hay quienes no piensan mucho en el pasado y quienes viven anclados en el mismo.
Lo que no podemos evitar son los momentos que nos retrotraen a otros momentos. Olores que nos llevan a alguna casa del pasado, sonidos que nos trasladan inmediatamente a la infancia (como el del afilador de cuchillos), sensaciones en el cuerpo, como el de una abuela rascandonos la espalda cuando estábamos a su lado. Gustos, como el de la salsa que había que probar los domingos para ver “si estaba bien de sal”. Confianza, como cuando mi vieja nos contaba un cuento a la noche. ¿Qué podía pasar? Nada, ahí estaba todo. Diversión, como cuando mi viejo llegaba de trabajar tocando la bocina para llevarnos de sorpresa a algún lado. Melancolìa, como cuando no podemos hablar de alguien que no está sin que se nos llenen los ojos de lágrimas.
Parece que los recuerdos eran más de lo que pensaba. Creo que la receta viene por el lado de sentarse a encontrarlos. Vos, ¿pensaste alguna vez cuál es tu primer recuerdo?.



