¿Y si todo lo que damos por cierto ya no es así?
Esteban arrancó su mañana del lunes de una forma patética, casi desesperante. Desde el mismo momento en que abrió los ojos había entrado en un estado de duda constante. El día, como tal, no tenía nada de especial ¿o si?. Tardó más de veinte minutos en levantarse de la cama. Notó que todos los miembros de su familia descansaban, cada uno en su respectiva cama. Se preguntó si ya sería hora de levantarlos, o no.
‒ Quizás es mejor que descansen, es bueno para la salud. ‒ pensó ‒Pero tienen que despertarse, aunque sea los más pequeños para ir al colegio, es necesaria la educación. Pero, ¿es más importante que la salud? Claro que no — se contestó a sí mismo —. Entonces los dejo dormir. ¿Y si se les hace costumbre no despertarse para ir a estudiar? No,no mejor los despierto.
Fue al baño y agarró el cepillo de dientes. Cuando estaba por poner la pasta recordó un video de internet que decía que era mejor cepillarse sin ella. Se cepilló los dientes pensando que probablemente quedaría con mal aliento. Volvió a cepillarse, esta vez con pasta por las dudas.
‒ Por favor, ¿qué me está pasando? ‒ Dijo en voz baja mientras caminaba hacia la cocina. No le dió mayor trascendencia.
Esteban siempre se había jactado de ser una persona segura de sí misma y decidida. Esa mañana todo era realmente extraño. Por suerte el camino hacia la cocina era uno solo, no había lugar a decisiones. Comenzó con el preparado del desayuno de sus hijos.
‒ ¡Chocolatada!― se dijo a sí mismo. Le llamó la atención que estaba hablando mucho solo, y en voz baja.
‒ Caliente, porque hace frío.
Mientras sacaba la leche de la heladera el estado de duda regresó. Recordó que el pediatra le había dicho que la chocolatada era muy mala para la salud de los niños. Por otro lado, vino a su mente su madre diciéndole que no le prestara atención al pediatra, que ellos se habían criado tomando chocolatada y nunca les había pasado nada. Dudó. Encaró para las naranjas, un jugo de naranjas es indiscutible. La imagen de su profesor de tenis comentandole que los cítricos en ayuno pueden bajar las defensas fue inevitable. Ya todo era confusión.
Cuando los tres hijos despertaron, se sentaron en la mesa, con cara de dormidos.
‒ ¿Qué es esto papá?
La mesa estaba repleta de comidas y bebidas
‒ Es para que desayunen tranquilos‒ Contestó amablemente, intentando ocultar lo que le estaba pasando.
Su mujer miró de reojo sin emitir sonido alguno. Sospechaba que algo estaba sucediendo.
Caminó hacia el vestidor, rezando por que la ropa ya estuviera elegida, por algún tipo de milagro del cielo. Evidentemente ello no había sucedido. Agarro el primer pantalón formal, azul y chupín.
Mientras hacía fuerza para que entren los apretados pantalones recordó a su sobrino influencer que comentaba cómo la moda era oversize, los chupines ya son para viejos. Dios, no puede ser. Justo cuando estoy por cumplir cuarenta años no puedo verme como un tipo de sesenta.
Se sacó los pantalones y, ante tantas opciones llamó a su esposa.
‒ ¿Qué pasa, Esteban? Todavía no había arrancado el día pero María ya parecía harta de todo.
‒ Si tuvieras que elegir una vestimenta para hoy para tu marido, ¿cuál sería?
‒ ¿Es en serio?
‒ Si, en serio. O quizás sea un chiste ‒ Hizo una mueca como intentando sonreír. Su esposa lo miraba cual si estuviera teniendo un ataque cerebral. Nunca en sus quince años de casados le había pedido que le eligiera qué ponerse. Finalmente ella le señaló la ropa y se fue.
Esteban caminó hacia afuera viendo a sus hijos subirse al auto.
‒ ¡No! ― gritó. ‒ Ayer vi en el trabajo las estadísticas de los accidentes con vehículos y son alarmantes.
‒ Vayamos caminando ‒ dijo el más chico de sus hijos emocionado.
La respuesta le vino perfecta a Esteban, otro había decidido. Cuando estaban por cruzar el umbral de la puerta, Maria, salió indignada.
‒ ¿Acaso estás loco? Hacen tres grados afuera. No voy a dejar que los chicos se enfermen porque vos te levantaste con el pie izquierdo.
Maria subió a todos al auto familiar y se fue manejando ella misma. Esteban, por su parte, salió caminando, no quería cambiar una decisión que ya había sido tomada. Su mente estaba al borde del colapso, no podía encontrar explicación alguna. El frío empezó a sentirse en el cuerpo.
‒ Lo único que falta, ahora seguro que me enfermo. O quizás me hace bien, vi varios adolescentes en instagram recomendado el frío para el cuerpo, esos que se meten a los tachos de hielo. ¡Dios! , ¿qué creen? ¿que son médicos? para dar recomendaciones de salud … ¿Y si tienen razón? que el frío hace bien y no enferma. Ah, ¿sí? y ¿por qué los niños viven enfermos todo el invierno? es cierto. Uf, si sigo así voy a volver a las épocas del barbijo.
‒ ¡¡¡¡Detesto las redes sociales!!!!, ‒ gritó mientras una señora lo miraba como el loco de la cuadra ‒ Las redes me han provocado esto.‒ Su pelo ya estaba despeinado y sus ojos rojos, la mirada parecía perdida.
‒ Todo el mundo contándome como tengo que vivir. Se me quemó la cabeza finalmente.
Entró a su oficina rogando no cruzarse con nadie, básicamente su día laboral se basaba en toma de decisiones constantes. ¿Cómo iba a analizar los riesgos, elegir las compañías aseguradoras, negociar las primas?. Esto parecía una verdadera pesadilla.
Abrió su computadora y vio que habían ingresado el pago de varias aseguradoras a las cuentas de la empresa. Recordó los consejos financieros que había visto de “pachu te asesora”, en twitter. “Nunca dejes tus ingresos sin invertir. Es la receta del fracaso”. Pensó en Billeteras Virtuales, criptomonedas, y plazos fijos del banco, no podía definir ninguna. Dividió el monto por tres y depositó en cada una de ellas la totalidad de lo que había recibido.
La mente aceleraba mas fuerte. Googleó ¿cómo superar la indefinición? miles de respuestas hicieron imposible una única solución. Le preguntó al chat de inteligencia artificial y sus respuestas eran tan técnicas que le dejaron más dudas que certezas. A veces solo necesitamos una cachetada que nos traiga de vuelta a la realidad.
Su mujer llamaba insistentemente por teléfono. No sabía si atender o no. Estoy seguro que es para discutir, pero ¿si es una emergencia? no puedo no contestar. ¿O si? y así evitar enfrentarla. Atendió de todos modos.
‒ Esteban qué te está pasando, estoy asustada. Dejaste la casa abierta, los perros se escaparon. ¿estabas distraído?
‒ La deje abierta porque lei que los animales son seres sintientes que tienen que decidir si quieren vivir como mascotas o ser libres.
‒¿de que me estas hablando? ‒Maria ya estaba notablemente molesta.
‒ No podía decidir yo por ellos, por eso les di la opción.
‒ Pero pusiste en peligro la casa, dejaste todo abierto.
‒ Dicen los expertos en seguridad que la casa abierta hace pensar a los ladrones que alguien está ahí, las probabilidades de que ingresen son mínimas.
‒ Escúchame bien, no se que esta pasando pero terminalo ya. No todo en la vida es relativo, sino viviríamos en absoluto caos. Hay cosas que son como son y punto.
‒ Estoy de acuerdo, pero al mismo tiempo creo que hay que escuchar al que piensa distinto.― Esteban no se reconoció mientras contestaba.
‒ La próxima vez quédate vos afuera de la casa pensando distinto.― Maria cortó el teléfono indignada. Él cerró los ojos.
‒ ¡ESTEBAN!. se sintió un grito desde el fondo del pasillo. Su jefe lo estaba llamando y no parecían buenas noticias.
‒ Señor, buen dia. ‒ La infinidad de motivos del llamado se le presentaron a la mente.
‒¿Buen dia me decis?¿dónde carajo está toda la plata que ingresó a la cuenta para pagar los sueldos?.
‒ la invertí en distintas plataformas, siguiendo consejos financieros. ¿Está mal?
‒ ¿consejos financieros de quien?‒ El Jefe parecía a punto a estallar.
‒ De unos especialistas.‒ Las respuestas se habían acabado.
‒ ¿acaso estás delirando, Esteban? ¡Transferiste la totalidad de los fondos disponibles a cuentas que no tienen rescate por meses! me va a dar un infarto.
‒ Perdón, creí que estaba haciendo lo correcto. O al menos escuchando a los que saben. Ahora que lo pienso no se si saben mucho, al fin y al cabo solo suben videos y aclaran “este no es un consejo financiero”.
‒ Raja de aca Esteban, te juro que no te mato por todos los años que hace que te conozco. Agarra tus cosas y no vuelvas nunca más.
Esteban se retiró sin emitir sonido. Despedido. Nunca le había sucedido, estar desempleado. Por un momento disfruto la sensación de no tener jefe por primera vez en su vida. Pero la mente es engañosa, a veces nos hace difícil compatibilizar la libertad con la felicidad. Los pensamientos rumiantes volvieron.
‒ ¿y ahora? ¿Qué voy a hacer? quizás puedo editar videos y subirlos, dicen que se pueden monetizar. ¿Qué estoy diciendo? no puedo concentrarme en mi mente. Así no podré decidir nada de mi futuro, ni criar a mis hijos, esto es absurdo. Les voy a enseñar a ser personas débiles.
Volvió a su casa derrotado, al cruzarse con su hijo mayor este lo increpó.
‒ Papa, bauti me pegó en el colegio. ¿Qué hago?.
‒ Devolversela, hijo. O no, mejor hablá con la maestra. Osea, pegale una buena trompada así no molesta mas y, despues, le decis a la maestra. Por favor hijo, no me escuches. Seguí por allá.
Se cruzó con Maria que lo miraba cual si tuviera una enfermedad terminal. Lo invitó a conversar a la habitación.
‒ Esteban, ¿podes decirme qué está pasando?
‒ Creo que vas a estar mejor sin mí, pero no puedo asegurarte. En la revista del domingo leí que las mujeres de 40 años tienen más posibilidad que los hombres de volver a formar una familia. Me parece que es una buena señal.
Su esposa lloraba.
‒ Creo que tenes razón. Ya no da para más, entre mi inseguridad de estar con vos y tus inseguridades de hoy… ya esto fue la gota que rebalsó el vaso.
‒ ¿queres dejarme? como puede ser‒ dijo Esteban‒
‒ ¿acaso estás loco? Acabas de dejarme vos.
‒ pero yo lo dije porque no se lo que quiero. No se si voy a ser feliz divorciado. Aunque conozco varios que sí lo son. Pero a mi me gusta la familia tradicional.
‒ Por favor, Esteban. Anda y tratate.
Esteban salió caminando, saludo a sus tres hijos con un cálido abrazo. Miró a Maria y le dijo
‒ Gracias.
Caminó casi arrastrando sus pies, divagando ya sin poder frenar su mente. Instintivamente llegó hasta el barranco más alto que daba al río, en el parque cercano a su casa. Sus zapatos estaban sucios y su camisa salida del pantalón y arrugada. Miró el precipicio, no quedaban dudas, si caía iba a morir. Allí estaba la respuesta, allí estaba. La vida es una aventura de decisiones, no siempre pensadas. ¿Qué pasa cuando ya no somos capaces de tomarlas?. Al fin y al cabo, la única certeza que tenemos es que vamos a morir.
El aire pegaba en su cara mientras sus pies dubitativos amenazaban con avanzar. Su mente habló por última vez.
‒ Ahora sí, en otra vida encontraré paz….. ¿o no?.



