Solo para viajeros.
Camilo miraba preocupado las pilas de ropa que había esparcido arriba de la cama.
— ¿Cómo voy a hacer para que todo esto entre en una mochila tan pequeña? — dijo en voz alta.
Su mente lo tenía sin respiro después de la decisión que había tomado de dejar todo y partir en un viaje. Era plenamente consciente de que no había otra razón más que escapar de la realidad.
Sintiéndose abrumado, después de ver tantos posteos de viajes en redes sociales en los últimos días, decidió hacer rollos con cada prenda hasta que la gran mochila quedó repleta.
Incluso la decisión de usar una mochila le parecía demasiado usada, ¿por qué no una valija? ni él mismo creía en lo que estaba haciendo. Solo sabía que era el símbolo del desapego y ayudaba a la épica del viaje revelador.
La monotonía, el letargo y la vida diaria habían generado en él una especie de falta de interés en todo. Ya nada le generaba la misma emoción que antes, ya no se permitía reaccionar, ya no había lugar a lo espontáneo, ni a las sorpresas. Ya era solo ir a trabajar, para volver cansado de trabajar y dormir para poder ir a trabajar al otro día. No recordaba la última vez que había sentido adrenalina, haber gritado, o haberse emocionado. Su vida parecía una especie de estanque donde el agua llegaba luego de haber seguido a la corriente.
¿Por qué será que uno se siente cómodo en ese estanque?, cual si la prisión de la propia mente fuera de las más difíciles de escapar, por más que la llave la tengamos nosotros mismos.
Llegó el taxi a buscarlo y lo único que rondaba por su mente eran dudas. —No puedo solucionar nada huyendo, es el exacto contrario a lo que me enseñaron — Pensó. Se subió de todos modos.
El solo hecho de bajar del taxi en el aeropuerto lo despertó de su modorra. El taxista le entregó su mochila y Camilo giró hacia la puerta corrediza de ingreso. Una sensación de nervios lo invadió, un nudo en el estómago lo dijo todo. Se sentía ansioso, feliz, dudoso y esperanzado. Pero eso no era lo importante. Lo importante era que sentía.
¿Qué sensación se compara a la de llegar a la zona de partidas?, sabiendo que un avión espera del otro lado hacia un nuevo destino. Prendió un cigarrillo intentando disfrutarlo, no podría volver a fumar por muchas horas. Pensó que sería buena idea dejar atrás este mal hábito. Uno de muchos.
Pasó los controles de seguridad y se topó de frente con la división de vuelos nacionales e internacionales, encaró a paso firme su salida al exterior del país.
Cuando llegó a migraciones lo atendió una señora, entrada en años, a la que parecía que la vida le había pasado por encima al ser quien autoriza a cada persona a salir de viaje.
— ¿Motivo del viaje? — preguntó de mala gana la oficial.
— ¡Que pregunta! ¿Motivo del viaje? Irme, escaparme, salir de la rutina, encontrarme, conocer, cambiar. — Camilo buscó complicidad.
— Quiero darte una primicia, nene. Subirte a un avión en un país y bajar en otro no te hace ser una persona diferente. Los problemas que aca tengas, con vos van a viajar. Ahora de nuevo, ¿Motivo del viaje?.
— Turismo — contesto desilusionado.
Por más extraña que fuera la señora, lo hizo dudar. La gente tóxica puede devastar los sueños de quien se anima.
— ¿y si fracaso? ¿y si vuelvo peor? ¿Qué pasa si me gasto todos mis ahorros?— se dió cuenta que estaba murmurando, la gente a su alrededor se empezaba a preguntar si algo le pasaba.
Decidió distraerse y enfocarse en el objetivo, el cambio.
Llamaron por micrófono para abordar, se puso su mochila y lo sintió de nuevo. Ahí estaba, la emoción, la ilusión, la esperanza de una aventura que debía de funcionar. Caminó los pasillos que desembocaron en la manga hacia el avión.
Una vez ubicado en su asiento la ansiedad empezó a hacer de las suyas. Levantaba y bajaba su pierna a máxima velocidad.
El piloto anunció el comienzo definitivo de algo nuevo: “tripulación, listos para el despegue” se escuchó por el altoparlante de manera entrecortada. Se preguntó cómo la tecnología había llegado al punto de hacer volar al humano mas no de que el parlante del avión sea entendible. Eso le causó gracia, ya comenzaba a distenderse.
Cuando el piloto comunicó que se encontraban a velocidad crucero se sintió relajado, aunque los leves golpeteos del avión le inyectaron adrenalina a pequeñas dosis. Pensó que no se dormiría por la ansiedad pero el cansancio emocional puede ser imbatible.
Despertó con el sol que reflejaba a través de las pequeñas ventanas, parecía que brillaba más fuerte, o se veía más puro. ¿Será por la altura? se preguntó. Se asomó aún más y noto como debajo del avión había un perfecto manto de nubes, tan blancas que realmente parecían de algodón. Pese a no haber llegado a destino notó que el foco de sus pensamientos habían cambiado. Ahora le preocupaba el brillo del sol o la claridad de las nubes.
Comenzó el descenso y volvieron la adrenalina y la emoción. Luego de un movido paso por aquellas nubes que parecían algodón el piloto anunció que pronto aterrizarían en el aeropuerto de Barajas, en Madrid.
Una vez en tierra firme, agarró su mochila y caminó sin dudarlo hacia migraciones.
— ¿Motivo del viaje? — preguntó el policía aeroportuario, Camilo sonrió al recordar la anterior oficial, decidió repetir la respuesta.
— Irme, escaparme, salir de la rutina, encontrarme, conocer, cambiar.
— Buena respuesta — dijo el oficial. — Puedes empezar por unas cañas y seguirlo con unas buenas tapas, le agregas unos huevos rotos con jamón y lo terminas con un tinto de verano, luego me cuentas si no estás cambiado.
Camiló rió fascinado por la respuesta, solo necesitaba empatía. El oficial le había alegrado el momento, que importante es empezar de manera optimista.
Tomó el bus hacia plaza Cibeles, todavía no tenía absolutamente nada organizado. Aún no podía creer la emoción que corría por su cuerpo al no saber cuál sería el siguiente paso.
Bajó sintiendo como el calor madrileño se hacía notar. Caminó por la puerta de Alcalá, cruzó el gigantesco Parque del Retiro y llamó su atención como la gente aprovechaba el espacio verde de maneras tan distintas, jugando, corriendo, alimentando los patos del estanque, tirados sobre el pasto o incluso trabajando desde algún rincón. Avanzó observando cada rincón del barrio de las letras hasta que finalmente llegó a la Plaza Mayor.
Girando sobre sí mismo se sentía alucinado por los colores rojizos y las miles de ventanas que miraban hacia el centro. Al frenar vió de frente el Museo del Jamón. Sonrió al recordar los consejos del oficial, a veces solo un extraño puede hacernos felices.
Se sentó orgulloso, pese a sus escasas horas en tierras españolas ya estaba como en casa.
— ¿En qué puedo servirte, joven? Preguntó el mozo educadamente.
— Buen día. Quisiera una caña, estas tapas y unos huevos rotos con jamón. ¿Tinto de verano tiene?
— Claro, hombre. Veo que quieres darte una buena introducción a España. — El mozo se mostraba encantado.
La mesa en breves minutos estaba repleta. Empezó por los huevos rotos con jamón pensando que era el sabor más rico que había probado, se sintió emocionado por la comida. Tomó un sorbo de cerveza helada, suave. No pudo evitar cerrar los ojos en señal de disfrute absoluto.
No pensaba en otra cosa más que en la comida y en el entorno.
De golpe recordó porqué estaba lejos de casa. Intentó que vuelva la melancolía, pero no pudo. hizo una mueca con los labios. Se sentía libre y renovado.
Tan solo veinticuatro horas. Un día que vivió más que todas las últimas semanas que recordaba. Había sentido nervios, miedos, dudas y ansiedad. Se había hecho preguntas innecesarias como porque brillaba más el sol. Se había reído, se había sorprendido, había recorrido, había disfrutado nuevamente de la comida.
— Tan solo un día. — murmuró incrédulo — por el comienzo de un viaje de ida.— dijo levantando el copón de tinto de verano, brindando con el mismo.
Una vendedora que circulaba por la plaza le dejo una postal sobre la mesa, parecía planeado, leyó el contenido:
“Viajar. Para mejorar, para distraer, para revitalizarse, para hacer duelos, para cambiar, para recorrer, para abrir la mente, para aprender, para salir de la rutina, para conocer gente nueva. Viajar lejos, o cerca. Viajar en auto, en tren, en barco o en avión. Viajar solo, en familia o con amigos. Viajar para cambiar de rumbo o para fortalecer el rumbo que creemos correcto. Viajar para trabajar o para vacacionar. Viajar para aprender. Viajar y punto.”
Ya no quedaban dudas, la decisión había sido correcta.



